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Sergio Bitar

Democracia y consensos

El estudio de nuestro pasado reciente nos arroja una gran enseñanza: hemos logrado mayor éxito cuando hemos encontrado acuerdos para realizar reformas y una estrategia común. En el caso chileno esos principios fueron crecimiento con equidad y sustentabilidad, apertura internacional, justicia y derechos humanos, reformas graduales con mayoría. Estos criterios también marcaron, con altibajos, a las administraciones de distinto signo político, desde el término de los gobiernos de la Concertación en 2010 hasta hoy.

Para construir un país mejor debemos predicar la superioridad de la convergencia sobre la confrontación y cultivar una cultura de diálogo. Buscar consensos exige superior capacidad política y técnica para aferrarse a una posición rígida y testimonial. Requiere voluntad y coraje para argumentar y escuchar al otro, y también para confrontar con firmeza a quienes proclaman posturas extremas. Buscar consensos no es ingenuidad, ni significa desconocer las diferencias o eludir el conflicto. Es poseer disposición a transformar el conflicto con mirada de largo plazo, en fórmulas de beneficio compartido, aceptables para mayorías amplias.

Los ejes en torno a los cuales se alinearon las posiciones políticas que nos diferenciaron en el último medio siglo ya no son los mismos, han cambiado profundamente. Además, han emergido nuevos fenómenos que no se pueden interpretar ni resolver con categorías antinómicas de izquierdas y derechas. Dos ejemplos ilustran esta evolución: ni la dicotomía dictadura–democracia ni la polaridad Estado–mercado tienen hoy la misma intensidad que tuvieron en Chile después de la dictadura. Los nuevos fenómenos tampoco pueden explicarse con las categorías de antaño.

Las nuevas tecnologías generan transformaciones impensadas. La potencia de la IA es enorme y su aplicación deberá regularse para favorecer los sectores vulnerables, elevar la formación de los trabajadores e igualar la educación tecnológica de los niños desde pequeños.

La criminalidad internacional organizada y la inmigración irregular masiva son procesos complejos, de origen externo y carácter global, para los que no estábamos preparados. Ante ellos no hay atajos ni sirven las experiencias del pasado. Será imprescindible dar normas que hagan de la seguridad personal un derecho humano en democracia, que impidan una seguridad humana al diseño de algoritmos y prevengan su utilización maliciosa en manos criminales, de intereses comerciales fraudulentos, o poderes políticos antidemocráticos. En esta materia los consensos son indispensables.

La corrupción es otra de las mayores amenazas. Observamos su penetración en la justicia, las Fuerzas Armadas y las policías, que son las encargadas últimas de la protección del Estado. Vemos la corrupción en empresas privadas que se coluden, hacen fraudes; la constatamos en ciudadanos que engañan y abusan. En esta nueva fase tecnológica, el ser humano deberá guiarse más que nunca por principios éticos en todos los ámbitos de la vida, y las instituciones deberán fortalecer el combate al abuso y al crimen. Lograrlo supone una educación sólida en valores morales en las escuelas y universidades.

La disputa geopolítica entre EE.UU. y China por la hegemonía global constituye otro desafío crucial que no admite alternativas reduccionistas de izquierda o de derecha. Esa polarización geopolítica amenaza la soberanía de nuestros países y la autonomía necesaria para aplicar políticas nacionales de desarrollo productivo e inclusión social. La bipolaridad global daña el derecho internacional. El multilateralismo es el único método que asegura establecer reglas que resguarden la autonomía nacional, protejan contra la injusticia y respeten la dignidad de la persona humana. La búsqueda de consensos nos habilita mejor para evitar crisis y aprovechar mejor las oportunidades extraordinarias que nos abre el futuro.

Los desafíos son de tal magnitud que solo tendrán mayor éxito los países donde prime un ánimo de colaboración y una perspectiva de largo plazo. La democracia florece en períodos de grandes acuerdos, mientras en los ciclos antagónicos las naciones avanzan lento o retroceden. Una cualidad esencial de un buen dirigente político es saber articular entendimientos que redunden en beneficio de todos. Los consensos estratégicos son entonces un capital, un activo político, que contribuyen a una convivencia pacífica, a un crecimiento con inclusión social, con cuidado del planeta y solidez democrática.

SERGIO BITAR
Exministro y expresidente del PPD.


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