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Sergio Bitar

Chile, Boric y la inmigración que atraviesa el proceso electoral: una conversación con Sergio Bitar

Clara Riveros conversa con Sergio Bitar respecto a la coyuntura política chilena, la cuestión migratoria que ha atravesado el proceso electoral y lo que ha sido el gobierno de Gabriel Boric. El presidente culminará su mandato en los primeros días de marzo de 2026 y con 40 años recién cumplidos.

Sergio Bitar es un destacado político chileno, con una dilatada trayectoria, ingeniero civil y economista, y se ha desempeñado como ministro de Obras Públicas durante el gobierno de Michelle Bachelet, fue ministro de Educación en el gobierno de Ricardo Lagos y ministro de Minería en el gobierno de Salvador Allende, además de senador entre 1994 y 2002.

Clara Riveros: ¿Cuál es su balance de la gestión Boric? ¿Cuáles son las luces, zonas grises y sombras que dejará este gobierno? El joven presidente de izquierda luce muy moderado respecto de sus homólogos, me refiero a aquellos con quienes comparte esa tendencia política y corriente ideológica en la región…

Sergio Bitar: La realidad nacional ha cambiado mucho en los últimos cuatro años y es que la herencia recibida por Boric y los últimos años del gobierno Piñera estuvieron caracterizados por fenómenos que no pueden ser resueltos por un gobierno solo y menos por un gobierno de minoría, como fue inicialmente el de Boric. La pandemia, el estallido social, la disparada inflacionaria, la inmigración, la expansión de la criminalidad, fue una conjunción de factores nunca vistos antes y que golpearon al país entre 2020 y 2023.

A esa situación se enfrentó Boric, pero, además se enfrentó con el paso cambiado, sin entender lo que estaba ocurriendo, con un gobierno de minoría, en una cantidad de propuestas más radicales que no tenían ningún sostén. De manera que hay que distinguir un primer gobierno de Boric que debe durar de seis meses a un año y, luego, la inteligencia del joven presidente, de avanzar a un acuerdo más amplio y el ingreso de sectores importantes en la que fue la concertación y que se denomina socialismo democrático. Eso llevó a una moderación en el sentido de buscar acuerdos que permitieran reforzar la capacidad de la Policía para enfrentar el crimen organizado, dar garantía de tranquilidad a la ciudadanía muy alterada en este cuadro, con una movilización fuerte hacia la derecha o hacia el orden, luego reactivar la economía partiendo por estabilizarla después de una inflación que se ha logrado manejar y, enseguida, la solución de problemas sociales importantes.

Yo diría que el gobierno termina bien, aun cuando partió mal. Y este bien significa: estabilidad institucional y estabilidad económica. En lo económico se ha reducido la inflación, se ha recuperado en parte el crecimiento o, por lo menos, está estabilizado para dar un salto con nuevas inversiones, con nuevos proyectos, con nuevos sectores que pueda abordar el próximo gobierno. No en crisis sino con una base. Luego, en materia de crecimiento, un hecho muy importante, además de los equilibrios macroeconómicos, fue el acuerdo de Corporación Nacional del Cobre (CODELCO) con la empresa de litio Sociedad Química y Minera de Chile (SQM) que permite ya apuntar a Chile, teniendo un sector nuevo con energía renovable, con cobre y con litio, para sostener exportaciones nuevas y también entrar en temas como el hidrógeno verde, la desalación y los centros de procesamiento de datos.

En lo internacional también termina con bastante más claridad. Impone el criterio de una condena a las dictaduras de izquierda y de derecha, cosa que en la izquierda tradicional no era muy habitual y enfrenta por lo tanto a Nicaragua, a Venezuela, a Cuba, enfrenta a Rusia en la guerra contra Ucrania y tiene una posición muy destacada en la postura frente al genocidio palestino por parte del gobierno de Netanyahu.

Diría, entonces, en resumen, a pesar de terminar con una aprobación relativamente baja, alrededor del 30% o 35%, que mi evaluación es de un gobierno que intenta y arma una coalición progresista más amplia y que en ella genera espacios de entendimiento y también que el país se abre a una convergencia mayor frente a grandes desafíos estratégicos como lo demuestran las elecciones y los programas de los candidatos.

C.R.: ¿La cuestión migratoria se ha sobredimensionado o realmente constituye una problemática que amenaza las fronteras y la seguridad del país?

S.B.: Sin duda Chile ha tenido flujo migratorio jamás pensado. Siempre se entendió que los flujos de crisis migratorias, los que se daban en América Latina, apuntaban al norte no hacia el sur. Chile recibe tres oleadas migratorias en los últimos 15 años: la oleada peruana, después de la crisis y que luego se estabiliza y empieza a bajar en 2015, pero hay una presencia peruana importante que no genera mayor problema. Una oleada posterior, entre 2014 y 2016, proveniente de Haití, muy sorprendente. Haitianos llegaron a Chile y nunca había habido haitianos en el país, pero ahí también hubo un tema con las visas que no se necesitaban. Y la tercera oleada fue la marea venezolana, también impredecible para todos los países de América Latina, por la crisis política y económica venezolana y la instauración como dictadura del régimen de Nicolás Maduro. Esto último además acarrea un ingreso delincuencial muy grave, que se ha articulado en torno a la idea del Tren de Aragua, eso genera en el país un cuadro extremadamente delicado desde el punto de vista de la seguridad nacional y la seguridad de las personas.

El tema migratorio es de primera importancia hoy en Chile y en esa materia no hay dos opiniones en las campañas electorales actuales. Es a lo que me refería cuando hablo de las convergencias. En esta materia se han aprobado un conjunto de leyes en el periodo de Boric. Se ha reforzado la Policía, se ha modernizado la Policía y se han traído expertos para aclarar los tipos de delitos nuevos a los cuales no estábamos habituados, pero obviamente hoy hay una línea de protección de fronteras, con tecnología nueva, por la extensión de nuestra frontera especialmente con Bolivia, hay una línea nueva respecto al rol de las Fuerzas Armadas en la infraestructura crítica, hay una línea nueva respecto de la regulación y está en disputa decidir qué se hace con las personas que viven en el país y que han ingresado ilegalmente, pero hay un consenso en esa materia. De manera que quien gane lo va a poder abordar con la concordancia de los demás.

C.R.: ¿Hay vías más edificantes para abordar la cuestión migratoria? Lo pregunto porque he visto que algunos equiparan inmigrantes con terroristas, delincuentes y mendigos…

S.B.: Efectivamente, cuando se desbordan las capacidades nacionales de absorción de la inmigración, cuando especialmente esa inmigración tiene contrastes, ya sean religiosos o raciales o del idioma, claro, la xenofobia se levanta y naturalmente eso es contrario a toda política democrática y, por lo tanto, la solución es regular la inmigración. En el caso nuestro la inmigración ha sido latinoamericana, en su gran parte, con el mismo idioma, la misma religión. Es una cuestión más bien de volumen de la inmigración y eso hay que contenerlo. Y también el enfrentamiento pleno a la delincuencia.

Las personas que son más reacias a esa inmigración son en general los sectores populares que ven amenazado su trabajo o su forma de vida. O también hay reacción a algunos comportamientos, con respecto a la música, los ruidos o la forma de ser, aspectos culturales que pueden generar reacción frente a la inmigración, pero yo no la veo como una cuestión grave. El tema es la cantidad y la forma de regular la inmigración.

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