- Por Sergio Bitar Chacra, presidente Corporación Museo del Salitre (Publicado en Diario La Estrella de Iquique)
La región de Tarapacá tiene una joya cultural, que es patrimonio de la humanidad reconocido por la Unesco. Alegra ver a los niños recorrer las instalaciones restauradas que les enseñan la historia de Chile, ese desarrollo industrial que alcanzó todos los rincones del mundo; entusiasma ver a los pampinos conmovidos cuando se sientan en su escuela pública; a los turistas que bajan desde sus cruceros y desde Humberstone y Santa Laura pueden recorrer los oasis, los petroglifos, la minería y el altiplano.
En mi oficina de calle Gorostiaga de Iquique, un día de 1995 recibí a un grupo de dirigentes pampinos que me dijeron con palabras emocionadas: “Las salitreras están desapareciendo y con ello nuestra cultura y nuestra historia. Senador, ayúdenos a preservarlas”. El destino me regaló la oportunidad de construir un legado cultural e histórico.
Las antiguas dependencias estaban siendo desguazadas y para salvarlas necesitábamos intervenir.
Con la valiosa cooperación de Juan Garcés, querido colaborador, y del abogado Jorge Molina, experto en temas de estacas salitrales y leyes, decidimos crear la Corporación Museo del Salitre con extrabajadores de las principales salitreras. Entre ellos recuerdo a Julio Valdivia, quien nos animó y conmovió por su arduo trabajo. A la tarea se sumó Silvio Zerega para dirigirla con dedicación y eficacia, con su acendrado espíritu pampino y su experiencia de gobernador durante el gobierno de Aylwin.
Elude uno de los dueños de las instalaciones, Isidoro Andía, no quería venderlas. Poco después quebró y sus acreedores decidieron rematar la propiedad. Bregamos por adquirirla y evitar su remate con el fin de conservar ese patrimonio completo. Pudimos comprarlas en 2001, gracias a una donación de la Compañía Minera Collahuasi y a su presidente, Diego Hernández.
Lanzamos una campaña de firmas por las calles de Arica, Iquique y Antofagasta para que fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad. Conseguimos unas veinte mil firmas y junto con alcaldes, dirigentes y universidades representamos a la zona norte ante la Unesco en París para pedir que fueran reconocidas como Patrimonio de la Humanidad.
Entonces nos explicaron que no podían acoger nuestra solicitud pues un senador carecía de la autoridad, debía hacerlo el gobierno.
Nuevamente el destino nos brindó la oportunidad. Asumí como ministro de Educación, el organismo encargado del patrimonio del Estado. Partí, con otros dirigentes regionales, a la sesión plenaria de Unesco en Durban, India, donde se decidiría nuestra petición. Solicité el apoyo de varios países integrantes y conseguimos justo los votos para que fuera reconocido como Patrimonio de la Humanidad en 2005, pero con una limitante: una categoría temporal, de Patrimonio en Peligro, por su agudo deterioro.
Durante 30 años hemos cuidado el sitio y durante 20 años hemos restaurado las salitreras consiguiendo recursos, presentando proyectos y a los organismos encargados del cuidado del patrimonio. Recibimos siempre la colaboración pública y privada para acometer tres objetivos principales: crear un Museo del Salitre en Humberstone, un Museo del Yodo en Santa Laura y conseguir que fueran retiradas de la lista de Patrimonio en Peligro. El Museo del Salitre se inauguró en Humberstone en 2015 y finalmente se logró ser retirado de la lista “en peligro” en 2019.
Todos debemos continuar esta labor para terminar el museo del yodo, proseguir nuevas obras. Las nuevas generaciones necesitan conocer y sumarse a estas misiones.
Hoy, en síntesis, las oficinas restauradas son el símbolo de una increíble hazaña industrial de alcance mundial, política y social de Chile. El sol del desierto del norte y la geografía de la pampa.




